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Fotografías

Por Sospecha, de Luis Rivano

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Autor: Gustavo Bernal

Es sabido que los autores como Luis “Paco” Rivano nunca la tuvieron fácil, sus libros nos muestran la toxicidad social, de represores y ovejas, de censores y censurados…marginados, putas, perdedores, borrachos y todos los recovecos fuera de la ley. En sus libros se ve la calle con toda su ensangrentada escenografía desnuda, y no es fácil encontrar editores para estas temáticas, y lo digo con conocimiento de causa, pues hasta hace unos pocos años atrás no era tan fácil publicar en Chile; algo similar me ocurrió una vez que quise hacerlo con mis libros; tenía 20 años y caminé varias semanas entregando mis escritos a editores de todo Santiago; recibí varias respuestas zalameras, palmadas en la espalda y escuetas negaciones que me dejaron triste, solo y peor aún, sentado y creyendo. No es nada nuevo que la literatura chilena siempre ha sido elitista, en donde la vieja editora publica a sus “amiguis”, incluso a su esposo, hermanos, y a los mismos escritores de siempre que la hacen llenar sus bolsillos, comprar carros llenos en el súper y mantener una vida de lujos a cuesta de otros, cayendo y entrampando a las letras en un nepotismo cultural reprochable. Lo sabemos hace décadas, ¿y qué hicimos?…pues bien, en estos últimos 5 o 6 años ha prendido un “boom de editoriales independientes” por todo el país, estos editores se animan como nadie a publicar a escritores de todas las ramas de la literatura, coprolálicos incluso, escritores sin filtros, crudos, que escriben tal cual llegó la magia a sus cabezas y posteriormente, a sus dedos; con libros llenos de obscenidades, malas palabras, escritos a “chuchá limpia”, claro que, si la obra lo amerita; esto último con tal de contar las historias tal cual suceden. Los ricos no compran libros donde salgan palabras escritas al revés (no porque no sepan leer, sino que no entienden, no tienen calle) no compran temas sociales, o si lo hacen, cada vez menos; ni pensar en adquirir un libraco escrito en jergas callejeras o de frentón, con citas expresadas en coa. A Luis Rivano le pasó esto hace varios años atrás, estamos hablando de los años 60’; el Paco reaccionó enérgico y tomó el toro por las astas y se autopublicó bajo el sello “Ediciones de la librería de Luis Rivano”, vendía los cuadernillos por oficinas y en su propio negocio. Según supe de buena fuente, le compraban por compasión uno que otro cuadernillo, pésimo negocio. Estas autoediciones eran feas, con un papel horrible. Después de un tiempo el autor pudo hacer de sus escritos buenas ediciones, que aun están vivitas y coleando en ferias de libros usados y en buenas condiciones. Así pasaron al menos 40 años. En esos tiempos las editoriales querían cambiar sus cuentos, podarlos, censurarlos, refinarlos quizás, a lo que este escritor se opuso, y como no hacerlo, les dijo: -“: No hay cambios, rotundamente no. El libro está hecho así, y así se queda”.

Por este tiempo los premios se le negaron, lo echaron de Carabineros por su libro “Esto no es el paraíso”, extraña situación que a él nunca le quedó del todo aclarada. A su jefatura no le gustó el libro y para afuera. Plop.

Hace unos días atrás tuve el privilegio de colarme al estreno de su obra, “Por sospecha”, en la sala Antonio Varas. Sala atiborrada de actores snob, pendientes de las miradas de nosotros “los desconocidos”. Una vez más comprobé que este genial escritor y dramaturgo no daría jamás su brazo a torcer pues la historia descrita es triste como la carrera en círculos de un hámster prisionero en una pequeña jaula. Debo confesar que he leído la obra completa de Rivano y el libro es claramente representado con un excelente montaje y actuaciones, a ratos con claros guiños de comedia que, seguramente el autor permitió al director de la obra. Eso si, cabe destacar que, no se pierde la crudeza, la tensión de los parlamentos, la humanidad entre pollitos presos nuevos y avezados malandras que se encuentran por casualidad en el fétido calabozo.

El Yayo, interpretado por el actor, Gabriel Urzúa “se roba” el protagonismo de la historia, se entiende que es un habitual de las cárceles y celdas de comisarías, un ladrón que no causa dolor a sus víctimas, un choro con estilo. El actor no cae en los clichés del típico lanza pobretón que intenta hablar como flaite y que no le sale. En cambio, el Yayo (Urzúa) nos refleja perfectamente al ruin aspiracional, que viste bien y que roba porque cree que todo le pertenece de antemano, como saldando una deuda que la sociedad tiene con él. Los otros prisioneros, Jiménez y el Rucio, interpretados por el experimentado Mario Bustos y el joven Rodrigo Jiménez dan la intensidad justa para desarrollar con precisión el tema central de la obra, la arbitraria “detención por sospecha”.

Rivano escribe desde la intuición y denota mucha lectura y observación, todo es real, y si no es, la maestría del escritor hace que así parezca.

FUNCIONES
(8 de mayo al 28 de junio), Jueves, viernes y sábado 20:00 hrs.
Sala Antonio Varas. Morande 25. Metro Moneda.

Por: Gustavo Bernal